Siempre hablamos de móviles, de tabletas o de ordenadores pero realmente existen dispositivos con procesadores y chips varios que son mucho más importantes en una casa y que no le damos la importancia que merecen. Es por eso que la Unión Europea ha atacado a la obsolescencia programada de los electrodomésticos.

Y es que en muchísimas ocasiones, sale más rentable acabar comprando un electrodoméstico nuevo que arreglar el que se nos ha estropeado en casa. Esto para la economía y para las propias empresas fabricantes y vendedoras, es genial. Pero no lo es tanto para el Medio Ambiente.

La cantidad de basura que se genera al año es absurdamente grande. En muchísimas ocasiones, son productos que podrían tener mucho más tiempo de vida; y donde sus piezas podrían volver a utilizarse como repuestos de otras. El problema es que también nos han vendido que las piezas usadas no debemos tenerlas en cuenta. Esto ha venido acaecido para agrandar las cuentas de las empresas fabricantes.

La Unión Europea ataca a la obsolescencia programada de los electrodomésticos pero con pies de plomo.

El fallo de la Unión Europea ha sido obligar a las empresas fabricantes a vender las piezas de los electrodomésticos comercializados hasta 10 años después de su venta. Esto intentaría alargar la vida del electrodoméstico para evitar su retirada. Algo que están buscando para reducir la basura electrónica que se genera en el mundo. Y que los fabricantes no se aprovechen del usuario, claro.

Pero claro, esto comienza a elevar otros debates alrededor. Y es que a algunas organizaciones les parece una medida a medias (entre los que me incluyo). Por mucho que tú obligues a la marca a tener que vender una pieza de un electrodoméstico a los diez años; siguen existiendo otros costes que perjudicarán al usuario y que no evitarán que se tire a la basura.

Por un lado, se necesita a una persona cualificada para cambiar la pieza. No todo el mundo sabe ni puede cambiar la pieza de un electrodoméstico. Y en muchas otras ocasiones, tampoco se puede hacer sin maquinaria exclusiva de la marca. Además, la llegada de las piezas también son tardías y esto hace que no queramos esperar por la necesidad de usar electrodomésticos como la nevera, la vitrocerámica, el horno o la lavadora.

Poco a poco se irán consiguiendo mejores condiciones.

Al menos, esta intención de la Unión Europea por controlar la obsolescencia programada de los electrodomésticos podría constituir en unas leyes más estrictas de protección al usuario y garantía en un futuro. Aunque no nos podemos olvidar que por mucho que quieran hacer los políticos; el mundo lo mueve el dinero y las grandes fortunas.

Esta Directiva Europea entraría en vigor en el año 2.021. Como siempre, en la Unión Europea se da un plazo de dos años para que las partes afectadas se vayan acostumbrando. Desde luego que dentro del territorio español, tampoco hemos sufrido un cambio muy significativo. Ya que la legislación de España considera que la venta de las piezas de repuesto se sigan produciendo hasta los 7 años después de la venta del electrodoméstico.

Y que sí, que muchos preferimos arreglar el producto antes de comprar uno. El problema viene cuando sopesamos los costes de arreglar lo antiguo o comprar lo nuevo. Teniendo en cuenta que haciendo lo último ganamos en fiabilidad y en funciones nuevas que podrían mejorarnos la calidad de vida. Porque claro, si alguna marca se atreviese a no ganar tanto dinero y a construir hardware actualizadle a largo plazo vendiendo esas piezas para ser instaladas sin tener que comprar lo nuevo aunque el margen de beneficioso fuese menor, la basura electrónica no sería tan alta como es y todo sería mucho más responsable.

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